A pocos meses del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá, la situación de seguridad en México proyecta más la imagen de una sede peligrosa que de una celebración mundialista.
Tras los hechos violentos derivados de operativos de seguridad en Jalisco, uno de los estados sede, que provocaron bloqueos y episodios de violencia en distintos puntos del país, surge una pregunta que organizadores y aficionados deben considerar: ¿Está México en condiciones de recibir un evento como este?
Las sedes mexicanas serán Monterrey, Ciudad de México y Guadalajara, esta última en Jalisco, el estado que recientemente ha tenido las condiciones de seguridad más complicadas.
El pasado 22 de febrero, el abatimiento de uno de los líderes del crimen organizado más buscados por México y EE.UU. desató violencia en Jalisco, estado sede del Mundial de fútbol, y en otras regiones del país. Los hechos provocaron la suspensión de servicios, el cierre de negocios y la cancelación de clases en las ciudades y estados donde hubo bloqueos y enfrentamientos.
El 11 de junio se inaugurará el Mundial en la Ciudad de México, en el Estadio Banorte, antes llamado Estadio Azteca. Horas más tarde, ese mismo día, el Estadio Akron, en Zapopan, Jalisco, será sede de otro partido. Sin embargo, la situación de seguridad en el país genera dudas sobre si México es una sede suficientemente segura para la cantidad de turistas que atrae un evento de la magnitud de la Copa del Mundo.
La prioridad de las autoridades mexicanas debe ser garantizar cuanto antes la seguridad de sus ciudadanos. Sin embargo, tanto el gobierno mexicano como la FIFA deben considerar primero si existen las condiciones para realizar el evento y cómo garantizarán la seguridad de aficionados y turistas en un acontecimiento de la magnitud del Mundial.
Además, los recientes ataques de Estados Unidos contra Irán y la respuesta de este país a bases militares estadounidenses aumentan las dudas sobre la seguridad que se puede garantizar a los aficionados. Mientras un país enfrenta una crisis de seguridad interna, el otro se encuentra prácticamente en guerra y atraviesa un momento de tensión marcado por sus políticas migratorias y la limitada tolerancia a la diversidad.
Los bombardeos de Israel y Estados Unidos contra Irán, que acabaron con la vida de uno de sus líderes, provocaron una respuesta iraní contra bases militares estadounidenses en Medio Oriente. El contexto de guerra y enfrentamientos en el país dista del escenario esperado para recibir un evento masivo que requiere garantizar la seguridad de miles de aficionados y turistas.
La Copa Mundial será organizada por tres países de Norteamérica: Canadá, Estados Unidos y México. Estados Unidos recibirá la mayor cantidad de partidos, con 78, incluida la final, mientras que México y Canadá recibirán 13 partidos cada uno.
De los tres países anfitriones, Canadá podría considerarse el más seguro en el contexto actual. Sin embargo, la FIFA no parece tener planes de reducir la cantidad de partidos en México y Estados Unidos y confía en que el torneo se desarrollará con normalidad pese a los retos de seguridad que ambos países enfrentan.
Aunque la emoción de aficionados y organizadores por traer de vuelta la Copa del Mundo a Norteamérica es grande, el contexto no es el más adecuado para los seguidores y deportistas. Cuando grupos tienen la capacidad de generar bloqueos, paralizar ciudades o atacar bases militares, debe cuestionarse si existen las condiciones óptimas para garantizar la seguridad de los aficionados, que actualmente no se cumplen.
