Las festividades de invierno son posiblemente una de las más populares alrededor del mundo. Cada país y cultura tienen maneras diferentes de celebrar la Navidad, el Año Nuevo y otras celebraciones de la temporada.
Haber crecido en México me hizo adoptar tradiciones y festividades muy particulares que, hasta la fecha, definen la manera en que percibo la Navidad y el Año Nuevo, y que convierten esta temporada en una de mis favoritas del año.
Los preparativos para las celebraciones navideñas en México comienzan desde que se decora la casa para los festejos. A principios de diciembre, en mi familia decoramos el árbol de Navidad en equipo y alguien de la familia elige el color que le gustaría para ese año.
Una de las mejores sensaciones para mí es llegar a casa y oler el pino de Navidad que se quedó en el aire mientras no estaba. Es uno de mis aromas favoritos y recuerdo la ilusión que tenía de niño al saber que ya se acercaba la Navidad.
La casa de mi abuela siempre era la más decorada, pues era el punto de encuentro para todos durante las fiestas navideñas. Los focos de colores afuera de la casa, el árbol, las servilletas, los muñecos de Santa, las nochebuenas, el nacimiento con villas de cerámica y hasta las cortinas del baño tenían decoraciones navideñas. Supongo que, para mi abuela, era una manera de anticiparse y mantener viva la ilusión de la Navidad en sus nietos.
En mi casa, la ilusión navideña era una prioridad y se cuidaba mucho cuando mi hermana Mariel y yo éramos niños.
El mejor recuerdo que tengo de la Navidad es de cuando aún era niño. Un día desperté y, al salir de mi cuarto, vi que el pasillo que llevaba a la sala tenía marcadas las huellas de nieve que dejaron las botas de Santa Claus cuando llegó a mi casa a dejar regalos. El rastro continuaba hasta el patio. Corrí rápidamente a avisarle a mi mamá, quien tampoco podía creer lo que había pasado. Es la Navidad que más ilusión me ha dado.
Las Posadas
A veces los trabajos, las escuelas o las familias organizan una fiesta o reunión una o dos semanas antes de las festividades. En esa celebración, las personas suelen organizarse para llevar un platillo para compartir o para cocinar algo en conjunto.
Los intercambios de regalos secretos, o como se les llama en Estados Unidos, “Secret Santa”, siempre fueron parte de mis posadas en la escuela y con mis grupos de amigos. Todos tomábamos un papel al azar y el nombre que saliera era a quien le regalarías una taza, chocolates, un gorro o incluso calcetines. Recuerdo muy bien la curiosidad que me daba saber cuál de todos los regalos que habían llevado mis compañeros era el mío.
El resto del día era libre para jugar con nuestros amigos en la escuela antes de las vacaciones. Era uno de mis días favoritos del año escolar.
Nochebuena y Navidad
En una familia mexicana, la Nochebuena se celebra el 24 de diciembre. Al entrar a la casa de mis abuelos, el olor a pastel recién hecho y a comida anticipa una cena deliciosa. Mi familia se pone de acuerdo para que todos lleven un platillo y haya varias opciones. El pavo, el menudo, el pozole o los tamales casi siempre forman parte de mi cena.
En la víspera de Navidad aprovechaba para jugar con mis primos mientras esperábamos a que llegara la medianoche para abrir los regalos. Recuerdo este momento como el que más me emocionaba de la Navidad cuando era pequeño: la incertidumbre de saber si Santa me había traído lo que había pedido en la carta que coloqué en el árbol semanas antes. A veces, después de mucho insistir, mis primos y yo lográbamos que nos dejaran abrir un solo regalo un poco antes de la hora indicada.
Uno de mis recuerdos de los regalos es sacudirlos junto con mi hermana para tratar de adivinar qué eran. La ilusión que se tenía de niño en Navidad es de lo que más se extraña de la infancia.
Cuando llegaba la medianoche, mis primos, mi hermana y yo abríamos nuestros regalos ante los ojos de nuestros papás y abuelos, sorprendidos de que nos hubieran llegado desde el Polo Norte por habernos portado bien.
Después de abrir los regalos, mis papás nos llevaban a casa y teníamos permiso de desvelarnos todo lo que quisiéramos estrenando los regalos. Yo jugaba videojuegos a veces hasta la madrugada, aprovechando que era probablemente el único día que podía hacerlo sin límite. Al día siguiente podría levantarme a comer el famoso recalentado y seguir jugando con mis regalos con mis primos.
Siendo adulto, la Navidad pierde un poco de relevancia o ilusión para algunas personas. No significa que no se pueda disfrutar; solo que la inocencia que teníamos de niños nos permitía gozar aún más de la tradición. Pero son los recuerdos y la nostalgia los que me hacen seguir sintiendo esa ilusión y tratar de devolver, aunque sea un poco, todo lo que recibí de mis seres más cercanos.
